martes, octubre 28, 2008

Dame el balón que es mio.

En un pueblo Argentino, cerca de Mar de Plata, tienen verdadera pasión por el fútbol. Siguen a la albiceleste, los torneos de Apertura y Clausura, la Copa Libertadores, y hasta las ligas extranjeras donde juegan jugadores argentinos.
El pueblo llega a paralizarse por esta pasión desmesurada por el fútbol.
En las tertulias, todo gira en torno al fútbol, verdaderas lecciones magistrales se dan alrededor de un mate; tácticas, técnicas, jugadores, jugadas, goles, viejas estrellas, jóvenes promesas, todo es comentado, analizado y discutido.
En una de esas tertulias, alguien tuvo la brillante idea de hacer un club que optase a ser de los grandes, que le hiciese sombra a los míticos Boca y River. ¿Cómo no iban a hacerlo con la pasión con que ellos viven el fútbol, con lo que ellos sabían de este deporte?
Y se pusieron manos a la obra. Nombraron un entrenador, convocaron a los jugadores que cada club local entendía que debería estar en el equipo, y empezaron los entrenamientos.
En uno de los entrenamientos ya iniciada la liga, el entrenador indico al preparador físico que dirigiese el entreno. Este decidió realizar ejercicios con balón, un partidillo para preparar una nueva táctica que habían preparado para un importante partido.
El preparador físico reunió a todos los jugadores en el centro del campo y les explicó la nueva táctica que se había inspirado en algunas reivindicaciones de la afición. Una vez explicada, cogió el balón y se lo dio para iniciar el partidillo.
La sorpresa fue que cada jugador reclamaba su balón, cada uno quería el balón para él, daba igual si jugaba de defensa, medio centro, delantero o portero, cada uno quería jugar el partidillo con su propio balón, ya que temían que los compañeros no les pasasen la bola, y se quedasen sin tocar pelota, y por lo tanto sin lucimiento personal antes las diferentes peñas futbolísticas que les apoyaban como jugadores, preferían lucirse con sus toques, regates, y disparos, antes del triunfo del equipo.
Resignado el preparador físico, que en dicho entrenamiento asumió el rol de entrenador olvidándose del resto del cuerpo técnico, sacó un balón para cada uno (eso sí, cada uno de un color, y hasta de una forma diferente) y les dejó que hiciesen su partidillo a su manera, esperando que en otro entrenamiento pudiesen jugar todos con el mismo balón.
Mientras el entrenador que había estado todo el momento junto al preparador físico observando la reacción de los jugadores, decidió mantener la táctica que hasta la fecha les estaba permitiendo mantenerse en mitad de la tabla, cerca de luchar por el título, pero a la misma distancia que luchar por el descenso.

Nota: Parece que últimamente se me va mucho la pinza y me da por escribir cuentos, y en este caso sobre fútbol, algo que reconozco no tengo ni idea.