lunes, agosto 27, 2007

Deberes pendientes.

En la primera asamblea de presidentes a la que asistió la alcaldesa de Torrent, según pudimos leer en algunos medios, uno de los temas tratados fue la coincidencia en 2008 de las Fallas y Semana Santa.

Personalmente, me sorprendió leer que era un tema pendiente de resolución, ya que entendía estaba resuelto, pero más me sorprendió por las fechas en las que estábamos.
Imagino que ya debe estar claro, y de no ser así seria preocupante, ya que un cambio de fechas, a estas alturas afectaría considerablemente a cualquiera de las 2 tradiciones tan importantes en nuestra población.

En el caso de los falleros no solamente afectaría a los miembros de las comisiones, por tener que trasladar los días festivos que generalmente solicitamos para poder disfrutar de las fallas (no como en otras fiestas de otras poblaciones de España, donde son consideradas semanas grandes), también afeitarían a vecinos no participantes de las fallas y que trabajen en otras poblaciones, lo que les supondría una doble molestia, en la población de residencia y en la de trabajo, artistas falleros y sus equipos que plantan en diferentes poblaciones lo que le supondría una planificación de agenda importante quizás a estas alturas difícil de solventar, pirotécnicos que disparan en diferentes poblaciones que al igual que a los artistas molificarían su agenda ya prevista, bandas de música, floristas, peluquerías, modistas, y un largo etc. de personas muy vinculadas indirectamente a las fiestas.
Algún día espero que alguien realice el encargo de valorar la repercusión económica que suponen las fallas en general y las de Torrent en particular (y por supuesto el resto de fiestas y tradiciones), hace unos años la Interagrupación de Fallas de Valencia realizó dicho informe económico y las cifras fueron tan sorprendentes que la repercusión económica y de puestos de trabajo era similar a la de la Factoría Ford.

Como siempre reivindico, los deberes pendientes de los falleros es mostrar que las fallas no son solo, cortar las calles, hacer verbenas molestas, lanzar petardos incontrolados, y sentirnos los dueños de la ciudad.