
Dicen que el Mas imprime carácter. No se si realmente será así, pero lo que si tengo claro es que ser del Mas el algo más, yo diría que ser Masero es un sentimiento.
Y para un Masero, las fiestas del Mas son una cita obligada, unas fiestas que tienen un sabor diferente y como si no pasase el tiempo, pese a que realmente esto es inevitable.
El pasado año la lectura de un texto del llibret de fiesta llego realmente a emocionarme, mientras estaba leyendo el texto del bueno de Celso, estaba sintiendo las sensaciones que tan perfectamente consiguió transmitir con sus palabras, cuando lo vi inmediatamente fui a darle la enhorabuena, por lo bien que escribe, y agradecerle que me hubiese hecho retroceder más de 25 años de una forma tan agradable.
Como digo, consiguió expresar como eran las fiestas, como las llevamos en nuestra mente algunos que hemos pasado los veranos de nuestra infancia y adolescencia en el Mas, y es que para mi es inevitable tener esa imagen “idílica” del Mas.
Y cuando pienso en las fiestas del Mas recuerdo como durante todo el verano deseábamos la llegada de estas, que daban comienzo con sus “replegàs” por las diferentes casas y casetas distribuidas entre los naranjos y que generalmente acababan con algún “inesperado” pozal de agua, entre bromas y risas que sofocaba el agobiante calor de principios de agosto.
Ya dentro de las fiestas muchos deseábamos la llegada del día de la Murta, durante unos años para ver si por fin teníamos la edad suficiente para que nuestros padres nos dejasen ir, y una vez ya cumplida la edad suficiente, para ser participe de ese día de juerga y buen ambiente. El día de la murta daba comienzo con un tradicional desayuno, la caja de galletas surtidas, junto a la botella de brandy, y café. Los mas jóvenes solíamos ser los mas madrugadores, y los que asistían por primera vez se les notaba en la cara el nerviosismo. Poco a poco iban acudiendo entre bromas y risas, que solían ir en torno a la metereología con los típicos anuncios de tormentas durante ese día allá donde nos desplazásemos, o sobre el olvido de la "corbella" con la que hacer la murta. Finalmente llegaba el tractor, vehículo que nos transportaría durante dicha jornada.

El primer destino, el almuerzo, generalmente en Buena Vista, donde las fuentes de embutido y patatas fritas nos esperaban, y el “carajillo” bebida obligatoria de ese día había que tomárselo a velocidad del relámpago ya que las tormentas que se anunciaban, enseguida hacían su presencia, a modo de pozalazos de agua o manguera según se terciase.
Nuevamente en el tractor nos dirigiríamos al lugar donde realizaríamos la comida, bien fuese en restaurante que nos permitiese la entrada con conocimiento de la que se iba a montar, o bien en alguna zona donde se realizaría la paella y podríamos pasar una agradable jornada. Una vez ya en el destino, cada grupo se iría acomodando, unos a echar la partidita de truc, otros la partida golfo, y otros a observar, y hay que entender que en esas fechas el calor agobia y es inevitable que algún alma caritativa tenga ganas de refrescarte, para lo cual ya vas preparado e incluso llevas la baraja de repuesto en la correspondiente bolsa de plástico que evite las humedades.
Una vez se aproxima la hora de la comida, poco a poco van llegando los que por obligaciones laborales no han podido realizar la jornada completa de Murta, algunos llegan incluso con chubasquero, otros con armamento acuático que usan a modo de defensa, y Señores la paella ya esta lista, y en ese momento tienes apresurarte si quieres comer ya que no sabes cuanto va a durar la calma, unas veces será un cohete que se escapara bajo la mesa, otras un pozal de agua y tras el primero le seguirán más.”.

Tras la tormenta siempre llegaba la calma, que llevaba a continuar la jornada truquera hasta la hora del regreso. Y llegada la hora nuevamente al tractor de regreso al Mas del Jutge, previa parada en el Mas de Baviera donde nos esperaban para darnos el último remojón sobre todo a aquel que a lo largo de todo el día sorprendentemente se había librado.
A la llegada nos esperaban los cohetes, ya que había que hacer l’entrà de la Murta, cada uno cogía sus tenazas y los festeros repartían entre los presentes cohetes y cohetes de colores, para realizar el recorrido de la era a la iglesia. Sorprendentemente las tenazas se aflojaban o el agujero se hacia mas grande una vez pasábamos casa de Federico, y al llegar a la iglesia las tenazas se nos olvidaban. Era un día de diversión, buen rollo, y “germanor".
Y es que la pasión por la pólvora siempre ha estado muy presente entre la gente del Mas, esas cohetàs en las que se juntaban alrededor de la mesa, nuevamente con las cajas de galletas surtidas, café, y la botella de brandy, con la intensidad de los cohetes aumentando y que tenia como prenda el pago de lo servido por parte del primero en levantarse de la mesa.

Otra pasión que tienen la gente del Mas es el cant d’estil, quizás a muchos les suene extraño si les digo que para mi el día mas esperado era el que se realizaba la cantà d’albaes, y es así desde bien pequeñito. Me siento por privilegiado por haber visto cantar, als xiquets de Mislata, a Marieta, a Pastoret, y que todos los años viniese a casa de mi abuela D. Juan Blasco, Juanito, como le llamaban mis abuelos, a los que cada vez que venia tocaba la Jota de Requena para que mis abuelos recordasen su juventud y la bailasen. Volviendo a la canta d’albaes, tras la cena, esta tenia como inicio la Iglesia, ya que se iniciaba la cantà con les albaes a los Santos, San Vicente Ferrer y San Luis Beltrán, una vez realizado los honores a los Santos, se procedía a ir casa por casa para que se le cantase una albà a toda la gente del Mas. Para los que no sepan que es una Alba, se trata de un canto de la huerta de Valencia, en la que un "versaor" improvisa sobre la marcha lo versos de la misma, que se la dicta al oído a los cantaores, que prodigiosamente sobre la marcha la cantan, además van acompañados del tabal y la dolçaina (instrumento que es mi debilidad). El encanto que tiene esta tradición, es que nunca sabes lo que vas a escuchar, ya que bien puede ser la enhorabuena por el reciente nacimiento de un hijo, o deseos de una pronta recuperación por una enfermedad o algún cotilleo o broma a modo de canço, y es que los cantaores solían ir acompañados por alguien del Mas que les iba poniendo al día de los acontecimiento que le habían ocurrido a la persona o familia a las que les iban a cantar. Y en cada casa a la que iban generalmente se abrían las puertas y se tenia preparado un pequeño refrigerio o calentet para todos los presentes que hacia mas llevadera la noche.
La canta d’albaes solía terminar cerca del amanecer con las gargantas de los cantaores ya protegidas del fresco con pañuelos, pero sin perder el sabor a huerta de los versos improvisados.

Otro día grande para los maseros es el de la Cabalgata, cabalgata que congregaba a gentes de diferentes lugares y que asistían dada la fama de generosidad que tenían los participantes de la misma, que igual repartían cantidad de juguetes, que bocadillos de Tomata, pimentó i tonyina, o bocadillos de blanco y negro acompañados por un vaso de vino
Pero quien mejor a descrito la cabalgata ha sido Celso en el llibret de las fiestas del 2006, texto que recomiendo su lectura por la excelente calida que tiene para escribir, pero si de un masero se trata además por las sensaciones que se le van a despertar durante su lectura, algún día transcribiré el texto de Celso que es todo un lujo.
Para mi la cabalgata nos daba la oportunidad de ser aquello que no eras, o de decir aquello que no te dejaban, y los mas jóvenes, lo usábamos como medio de protesta y critica en algunas ocasiones.

Al día siguiente se celebraba la fiesta “solemne” con el vino de honor por la mañana al cual asistían las autoridades y por la tarde la procesión, que tenia como momento “morboso” la lectura de los festeros para el próximo año.
Y a la semana, la entrada y salida, cena en la que los que habían sido festeros le pasaban los trastos a los que iban a ser, y que siempre solía acabar como no podría ser de otra forma entre pózales de agua y cohetes.
Por desgracia muchas de las cosas que cuento aquí ya no se hacen tal cual las he vivido yo. Unas por comodidad, otras por que se confundieron su significado, otras por que se ha perdido el norte del sentido de las fiestas. A mi me encantaría que mi hija pudiese conocer las fiestas tal y como yo las he conocido, aunque sé que difícil lo tendrá.
Por suerte las Fiestas del Mas del Jutge se siguen haciendo entre todos los que sentimos el Mas coordinados por los festeros que dicho año les toque organizarlas, un ejemplo a seguir.
El hijo de Valentín y Tomasa.
Nieto del Tio Toni y la Tia Ángela